domingo, 10 de julio de 2016

Geografía histórica de las islas San Marcos, El Carmen y San José



Miguel Venegas Compañia de Jesus

Tesis Geografía histórica de las islas habitadas en el Mar de Cortés (San Marcos, El Carmen y San José)

Nivel: Maestría en Geografía, UNAM
Sustentante: Jesús Israel Baxin Martínez
Directora de tesis: María del Carmen Juárez Gutiérrez


Distinción “María Isabel Lorenzo Villa” a la mejor tesis de maestría en el área de Geografía social, 2015, otorgada por la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.
  
Acervos:
-          Biblioteca Central (Universidad Nacional Autónoma de México)
-          Biblioteca Samuel Ramos (Facultad de Filosofía y Letras, UNAM)
-          Biblioteca Antonio García Cubas (Instituto de Geografía, UNAM)
-          Compañía Occidental Mexicana, S.A. (Isla San Marcos, Baja California Sur)
-          Organización Vida Silvestre, A.C. (Monterrey, Nuevo León)
-          Biblioteca de Humanidades, Campus del Obelisco (Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, España)

Consulta y/o descarga digital:

Abstract:
Las islas de México brindan amplias perspectivas de investigación geográfica más allá de su situación estratégica e importancia ambiental; la huella humana es otra posibilidad temática poco considerada, a pesar de ser un factor en el uso y la transformación del espacio insular.
El objetivo general de la investigación fue la realización de un estudio de geografía histórica sobre tres islas habitadas en el Mar de Cortés para registrar su ocupación humana, vinculada con la extracción de recursos naturales y el arraigo respecto al espacio insular.
A los sustentos teórico, contextual y metodológico se incorporó el trabajo de campo, para documentar la trayectoria, legado y perspectivas de las tres islas. Así, la memoria viva de quienes habitaron y aquellos que todavía habitan en esos lugares, fue útil para reconstruir los espacios insulares. Se priorizó el análisis sobre el territorio insular como proveedor de recursos naturales y como espacio de trabajo para poblaciones pequeñas.
La propuesta geográfica-histórica incorporó el pasado reciente de los poblamientos isleños (siglo XX y primeros años del XXI) a los primeros momentos de su ocupación en la etapa virreinal, de la cual dejaron constancia algunas crónicas y cartografía histórica. La rentabilidad de ciertos recursos naturales llevó al establecimiento de asentamientos insulares, asociado con actividades económicas específicas: extracción de yeso en San Marcos; pesquería de perlas y explotación de salinas en El Carmen y San José; sin embargo, su agotamiento se refleja en una demografía decreciente y, en ciertos casos, en cambios en el uso del espacio insular.


ÍNDICE

Capítulo 1. La geografía histórica y la recuperación de los espacios insulares
1.1 La geografía histórica y el registro de las transformaciones espaciales
1.2 Geografía humana de islas habitadas

Capítulo 2. El Mar de Cortés y sus islas
2.1 El Mar de Cortés: exploraciones y cartografía histórica
2.2 Demografía histórica y apropiación de recursos en Baja California y el Mar de Cortés
2.3 Evolución histórica de las islas habitadas en el Mar de Cortés

Capítulo 3. Metodología y diseño operativo de la investigación
3.1 Selección de los casos de estudio
3.2 Muestreo y observables
3.3 Técnicas de recolección de datos cualitativos
3.4 Estrategia de entrada a campo
3.5 Análisis y sistematización de la información

Capítulo 4. Espacios insulares habitados del Mar de Cortés
4.1 Isla San Marcos
4.2 Isla El Carmen
4.3 Isla San José
4.4 Valoración comparativa


Mina de yeso en Isla San Marcos, abril 2013. Fotografía: Nasheli Baxin

Bahía Salinas en Isla El Carmen, abril 2013. Fotografía: Nasheli Baxin 

La Palma Sola en Isla San José, mayo 2013. Fotografía: Nasheli Baxin 

martes, 3 de noviembre de 2015

Colaboración para el documental HUAMALHUÁ (Isla de Cedros)

La bajacaliforniana Samahil Borbón dará a conocer próximamente su documental "Huamalhuá" sobre la isla de Cedros, ubicada en el Pacífico mexicano.
Para su propuesta me ha honrado con una invitación para escribir un preámbulo sobre la vida insular, que se encuentra en la sección "Contexto" de la página web del documental y que transcribo también a continuación.



isla cedros mexico



La vida insular en Cedros


Las cosas que al marchar olvidas sin querer
terminan por volver
nunca creas que al final terminarán perdiéndose.
Allá donde tu amor dejó ya de latir
habrá parte de ti
aunque quieras olvidar, regresarás ahí.

- Rafa Valls, “Olvidos”


Cedros no es sólo una isla más de México, sus características geográficas y su retrospectiva histórica la caracterizan como una de las más significativas entre aquellas bañadas por aguas del Océano Pacífico. En Cedros es evidente que por sus condiciones fisiográficas fuera un espacio más óptimo de desarrollo vital para los primeros pobladores de Baja California que muchas zonas de la propia península, ya que en la isla, el océano atenúa las oscilaciones extremas que ocurren en la misma latitud hacia el oeste, en el desierto del Vizcaíno, mientras que la humedad proveniente de las corrientes marinas en su contacto con la sierra insular permite la formación de neblina que una vez infiltrada, se convierte en el agua potable almacenada en sus entrañas.
Hay información colonial que da cuenta del poblamiento prehispánico de Cedros y documentación que ratifica múltiples ocupaciones. La expedición de Francisco de Ulloa enviada por Hernán Cortés en 1540 a la Mar del Sur bordeó gran parte de Baja California y alcanzó una isla grande y habitada que nombraron como Cedros, debido a los árboles que divisaron en su porción norte, aunque en realidad se trataba de juníperos. En el siglo XVIII el jesuita Miguel Venegas ratificó que su nombre indígena fue Huamalhuá, que en la lengua cochimí expresaba “isla de las neblinas”. Distintas crónicas y mapas la registraron con otros topónimos puntuales o anecdóticos: Isla del Riparo, Isla de Cerros o Isla de la Santísima Trinidad (pues se dice que en ella había tres cabos, tres bahías, tres montes y tres pueblos), indicando que en otros momentos hubo pobladores o viajeros que la denominaron y en algunos casos la caracterizaron. En cambio sus pobladores contemporáneos al apropiarse de ese terruño, lo llamaron El Piedrón.
Quienes pueblan las islas forjan su propia nacionalidad, eso pasa con los cedreños, quienes se debaten entre la cotidianidad sencilla y la nostalgia de otros tiempos, desprendida de cambios graduales y otros frenéticos que sacuden la insularidad de manera particular. Ahí se vive en un espacio paralelo con una gama de realidades, mujeres y hombres diversos, algunos con orgullo han habitado por varias generaciones, unos más llegaron circunstancialmente hasta ese rincón poco recordado de la geografía mexicana y otros que, aunque estén desperdigados en distintos puntos de Baja California o del país, mantienen sus vínculos estrechos con sus raíces isleñas.
Al interior de una isla se vive en condiciones comunitarias, de cercanía circunstancial, desde el trabajo de los pescadores y buzos cooperativistas hasta el trato familiar de reconocer rostros y orígenes en cada vecino. Los isleños están al tanto de la llegada de foráneos por vía de alas (desde el único aeropuerto) o de motores (los taxis marítimos) con la curiosidad de saber qué los llevó hasta ahí y cuánto tiempo permanecerán.
Aunque las tecnologías han atenuado la insularidad y en cierta medida el contacto interpersonal, las condiciones naturales no cambian, por ejemplo las atmosféricas. Un temporal puede ser monitoreado en la actualidad, pero su fuerza no merma peligros para las faenas o los trayectos en el mar, como en el tramo del canal que separa a la isla de la Punta Eugenia, cuya fuerza le ha arrebatado la vida a algunos miembros de la comunidad, en naufragios históricos o recientes.
A pesar de cualquier circunstancia, la comunidad cedreña ha sabido levantarse de adversidades, desde el desabasto continuo de alimentos (ya que en su suelo no se pueden desarrollar actividades agrícolas), hasta la acentuada crisis y quiebra de la empacadora de pescado que dio sustento a muchas familias durante décadas. La adaptación a los cambios ha permitido que, quienes continúan en este rincón del Pacífico como su residencia habitual, se dediquen aún a las actividades de mar, como la pesca y el buceo, mientras que en la localidad del sur se exporta sal proveniente de Guerrero Negro.
La vida insular en Cedros tiene muchos matices, se respira una tranquilidad general, pero en su interior, este pequeño mundo tiene tantas caras como pobladores han impregnado su huella en el territorio. Hay isleños que añoran la bonanza demográfica de los años 70 del siglo XX, cuando los pocos miles de habitantes se beneficiaban de un auge económico que no volvió a recuperarse. Otros se debaten constantemente en la soledad de los campamentos pesqueros durante las temporadas de captura o se ocupan afanosos en los espacios de trabajo en alguna de las dos localidades. Los más jóvenes evaden el aislamiento que vivían sus padres con el acceso a las telecomunicaciones y, de éstos, muchos emigran, llegado el momento, en busca de otras opciones de estudio o trabajo para no volver a radicar más entre el mar que acunó su infancia. Sin embargo si no se puede volver físicamente, se evoca con el pensamiento ese arraigo que circunda a los ocupantes de islas que, como ésta, dan abrigo y sustento y un deleite visual en paisajes que difícilmente se olvidan, porque no se repiten en ningún punto del orbe.
Isla de Cedros como ente vivo (en tanto ha sido ocupada históricamente y en la actualidad) seguirá respirando desde esa condición semidesértica que le confiere sus virtudes y limitantes, su geografía continuará en la memoria de quienes la han ocupado o visitado, sobrevolando sus sierras, desembarcando en su litoral o recorriendo a pie caminos con múltiples historias. No dejará de ser tampoco espacio de interés para estudios de antropólogos, arqueólogos, historiadores o geógrafos que buscan claves de ocupación en su territorio.
Celebro el documental Huamalhuá de Samahil Borbón como un registro audiovisual de la tierra que sus padres seguramente le inculcaron a apreciar y con ese trabajo, la devolución generosa de una visión de la vida insular. Hace falta difundir las cualidades de lugares poco conocidos y valorados de nuestro país, lista encabezada por las islas habitadas de México y este proyecto apunta a contribuir en esa dirección.


Israel Baxin, México, julio de 2015

viernes, 13 de febrero de 2015

Presentación de la novela Clipperton de Pablo Raphael

Cada isla tiene al menos una historia particular que ofrecer, al menos por su génesis o carácter geológico. Algunas islas además de surgir, resultan de interés ecológico por las formas de vida no humanas a las que alojan, y a otras puede vincularse algún grado de huella humana, sea por su bautizo relacionado o no con alguna toma de posesión, con un topónimo asignado o para ser reconocida en los mapas o derroteros. Otras superan la historia de designación con alguna anécdota, generalmente marítima, y la minoría, entre las que se dispersan por el planeta, al haber sido ocupadas temporal o permanentemente comienzan a llenarse de historias de vida. Éstas son las más interesantes, algunas incluso resultan intensas en su ofrecimiento. Para los nesófilos, es decir, aquellos que con placer escuchamos las historias reales o ficticias asociadas a las islas y que a su vez nos inspiran, hay un sinfín de material en la geografía y la literatura, en la cultura y en las artes.


Clipperton es caso aparte: una isla repleta de historia y de ideas que se le asocian a pesar de sus minúsculas dimensiones. Ha sido objeto de investigación de naturalistas, científicos, historiadores y juristas. En tiempos recientes un grupo interdisciplinario la visitó como parte de una expedición del siglo XXI y la organización que sigue navegando por diferentes puntos del planeta tomó su propio nombre de la isla: The Clipperton Project. El escritor Pablo Raphael formó parte de esa afortunada primera generación de expedicionarios a principios de 2012 y actualmente presenta la novela que titula simplemente Clipperton (Random House, 2014) con una exhaustiva revisión documental e histórica detrás, para engrosar desde una arista actualizada y su visión personal, esa "metáfora de nuestra condición humana más cruel, esa que cuando atraviesa por largos periodos de soledad y hambre, poco a poco nos convierte en monstruos", según sus propias palabras en entrevista para el INBA.

La expectativa sobre la novela comenzó hace tres años, cuando Pablo ya maduraba algunas de las ideas que transformó y lo transformaron después de la expedición a Clipperton, como declaraba en la revista Gatopardo. Hoy 12 de enero, en la versión impresa de la novela se encuentran las palabras definitivas como finalmente quedaron en esta primera edición. Elijo y me gustaría compartir un fragmento representativo e interesante por sintetizar los principales nombres que han mostrado su interés o actuado sobre aquel atolón "tierra de nadie":

Quizá viajando a la isla y dejando esa versión encontraría la manera de librarme de su veneno. Un veneno que ha mordido a historiadores como Jimmy M. Skaggs, María Teresa Arnaud, Juan de Dios Bonilla y Miguel González Avelar; a expedicionarios como Jacques Costeau, Jean Louis Etienne y Eric Chevreuil; a escritores como Mark Twain, Robert Louis Stevenson, Karel Capek, Francisco L. Urquizo, Laura Restrepo, Jean-Hugues Lime, Víctor Hugo Rascón Banda, David Olguín o Ana García Bergua. También a estadistas de la talla de Napoleón III, que la proclamó francesa -lo que Victor Manuel III confirmó en 1931-; Benito Mussolini, que convenció al rey árbitro de cederla a los franceses; Abraham Lincoln y su secretario de Estado, Henry Seward, que organizaron una expedición a los mares del sur; David Pierce, que traficó esclavos; Porfirio Díaz, que intercambió la isla por un cómodo retiro en la Île-de-France; Franklin Delano Roosevelt, que la visitó dos veces; Winston Churchill, que la puso en la mesa de negociaciones durante la Conferencia de Yalta, o el primer y único presidente de la República de Molossia, su excelencia Kevin Baugh, quien tras declarar la independencia de su rancho en Nevada, publicó en 1984 un edicto que reclamaba derechos heredados sobre la isla.

Fotografía: Naim Rahal


Las 455 páginas de Clipperton, novela de Pablo Raphael, prometen un tejido original, como su propia cubierta: una ilustración de Sergio Garval, donde unas sillas se incendian antes de hundirse, una metáfora de la cultura y la humanidad tan contrastante de la que formamos parte, de la volatilidad de nuestra vida en un planeta que creemos conocer cada vez mejor, tan solo una idea que quizá, en el momento menos esperado, nos engulla.
Para finalizar comparto un par de fragmentos de la presentación oficial del libro en la Capilla Alfonsina, espacio de exitosa convocatoria donde igual confluyeron intelectuales que nómadas y navegantes del siglo XXI. 

Palabras de Alberto Ruy Sánchez:


Palabras de Ricardo Raphael:

 

martes, 14 de octubre de 2014

Poesía insular III


Islas personales, habitadas, olvidadas, agrestes, misteriosas, fantásticas... algunas con calificativos de sobra o insuficientes. 
Innegablemente, la isla es una realidad geográfica constantemente metaforizada.
Hay para quienes existe la isla errante: un barco, témpano o persona también pueden adquirir condición de insularidad...


Monólogo frente al Michigan Lake mientras arde un pato (fragmento) 

(…) 
En La Habana se mete la isla al cuerpo, 
ya soy mitad yo y mitad isla 
voy lleno de mar y ron y negros y grados centígrados 
inútil defenderme del viento 
o agarrarme a mí mismo con los puños metidos 
en los bolsillos 
inútil engañar al cuerpo con la ilusión de que 
alguien nos protege: 
nadie nos espera detrás de la barricada, 
qué soledad la punta del tiempo. 
(…) 



El texto anterior es del mexicano-catalán Jordi Soler con la idea del humano que adquiere inherente la propiedad de aislamiento, pero ésta tiene también su antítesis como la negación del poeta inglés John Donne, quien ya escribió en el siglo XVII: 


Meditación XVII


Ningún hombre es una isla, 
entera en sí, 
Cada hombre es pieza de continente, 
parte del total. 
Si el villano es arrastrado por el mar, 
Europa se reduce. 
cual si fuera promontorio, 
cual si fuera coro de amigos, 
o fuera propia: 
Toda muerte me disminuye, 
pues estoy con la humanidad 
Así no pidas saber por quién dobla la campana; 
dobla por ti. 


¿Existen personas - isla? ¿Son transversales al tiempo o al espacio? ¿Cuál es el borde que trastocan? La mexicana Helena Paz Garro, hija del laureado Octavio y la perseguida Elena, tuvo una historia de olvido ensombrecido y atrapó estas palabras en 1982:


Mi isla 


Mi isla de oro 
tan próxima tan lejana. 
La acerco con mis olas. 

Busco adivinar lo que encierra su frente 
para alcanzar el núcleo de sol 
en que se reabsorbe su ser, 
las playas blancas de sus pensamientos, 
la risa en su alma rumorosa de pájaros. 

Se aleja 
se convierte en una minúscula canica de oro 
y rueda bajo la puerta 
para siempre.




En esta nueva revisión de lecturas poéticas, diviso que las islas se encuentran muy cercanas a la nostalgia pero con fulgor y destellos siempre sorprendentes.

jueves, 24 de julio de 2014

Entrevista a Jon Bonfiglio, director de “The Clipperton Project”

Mi trayectoria de investigación sobre las islas de México me llevó a coincidir a principios de 2012 con el proyecto Clipperton, una organización internacional recién formada por profesionales de diversas disciplinas que realizaría una expedición a la isla del mismo nombre, la cual fue alguna vez parte del territorio mexicano y actualmente una posesión francesa en un punto remoto en el Océano Pacífico. 
Algo que resultaba interesante en pleno siglo XXI era contextualizar el calificativo de "expedicionario", en un mundo en el que se cree descubierto y explorado no sólo este planeta, sino su satélite y otros cuerpos astronómicos vecinos. El interés personal en los resultados de esta primera expedición me llevó a entrar en contacto cara a cara con el director del proyecto en una exposición que se presentó en 2013 en el Museo Anahuacalli de México D.F. En ese momento los nexos con gente inquieta y con cierto espíritu nómade ya habían roto fronteras geográficas y virtuales. Paradójicamente el interés y participación indirecta me llevó a escribir la idea de que "las islas unen", contrario a lo que los convencionalismos apuntan.
Meses después, mi sorpresa fue que durante una estancia de investigación en las Islas Canarias, encontré a gente del proyecto en Las Palmas de Gran Canaria, ciudad que me alojó durante algunos meses, momento en que me convencí de que los encuentros más que casuales son causales. Cada vez me queda más claro que los conceptos son demasiado amplios, como el de "expedicionario", sólo basta hacer de ellos lecturas desde voluntades y disposiciones diferentes. Hoy quiero rescatar una entrevista que realicé a Jon Bonfiglio a principios de mayo de 2014 y que estuvo publicada en una web de noticias de un medio independiente. El motivo: una expedición por el Río Usumacinta, antes de su primera fase. Próximamente realizarán un complemento del viaje, aunque éste podría ser interminable para cada persona, a veces quizá sólo implique una fase de coincidencia de caminos y miradas en una misma dirección.



The Clipperton Project navega el Usumacinta
Entrevista a Jonathan Bonfiglio, director de “The Clipperton Project”



"El corazón del mundo maya es un horizonte que no se puede dibujar, es una canción que no tiene palabras".

El Proyecto Clipperton (The Clipperton Project) es una iniciativa que utiliza las nociones de exploración, viaje y descubrimiento para inspirar y empoderar a la sociedad en busca de una actitud más positiva y progresiva hacia los grandes temas de la actualidad.
El proyecto busca cambios y la generación de nuevos liderazgos en los exploradores que se han sumado a barcos, talleres o actividades temporales. Cada persona puede explorar su entorno más inmediato hasta los lugares y temas más remotos aún por descubrir.

Mapa: presencia del proyecto Clipperton desde 2012

Su director es Jonathan Bonfiglio, quien inicialmente concibió el proyecto escribiendo el código postal de una isla olvidada en una pared en blanco en su casa en 2011. Desde entonces, The Clipperton Project ha trabajado directamente con más de 160 mil personas en una veintena de países y sus expedicionarios han navegado más de 30 mil millas, con programas vigentes en 2014 en Escocia, Uruguay, South Georgia, México, España y Australia. Jon Bonfiglio nos cuenta sobre el proyecto Clipperton y la expedición por el Río Usumacinta.

Jonathan Bonfiglio. Foto: Kate Watson

El proyecto Clipperton se rige bajo la consigna “todos somos expedicionarios” ¿Cómo ha mutado la idea de exploración desde que iniciaron actividades en 2012?
De cierta manera ha mutado bastante y otra no tanto, creo que todos entramos en las primeras expediciones con el conocimiento de que no íbamos a llegar a ningún fin, que todo era un paso tras otro paso y tras otro, y que todo era una exploración sin fin que tenía que ver más con cómo nosotros mismos nos veíamos como seres humanos que la exploración en sí.
En otro sentido aterrizando las exploraciones en particular se han desarrollado varios programas que tienen que ver con temas distintos, entonces ahora trabajamos en temas de erradicación del plástico, de sobrepesca, de sustentabilidad, etcétera. Todos estos temas han surgido de las exploraciones. En ese sentido el proyecto ha evolucionado bastante y también dentro de territorios, el hecho de que tenemos presencia en distintos países implica que tenemos que estar abiertos a cambios.
Si sinceramente eres un explorador o te imaginas como tal eso implica imaginarte como viajero, como artista, como escritor y lo que eso implica: te puedes imaginar dentro de la piel de otros o por lo menos haces el intento, esa es la parte que nos interesa mucho porque nos hace humildes y nos hace humanos.

¿Qué ha aportado a los lugares por donde ha transitado el proyecto Clipperton como eje creativo, de inspiración científica y concientización ambiental?
Exploramos aspectos similares y diversos en los distintos países pero también vamos aprendiendo maravillas de ellos y la conciencia que tienen en cada uno. Por ejemplo haciendo este viaje de expedición por el Usumacinta el conocimiento que hay sobre el río, el pasado, la historia y los recuerdos que hay aquí son absolutamente fascinantes. Un ejemplo muy interesante es que hay una cantidad grande de caimanes, aunque está lleno, no se habla mal de ellos. Ese silencio implica que no son un peligro como en otros lugares donde se amplifican los peligros de voz a voz. El conocimiento, el pasado, lo que se reconoce es que nunca hubo problemas con los caimanes. El no decir algo a veces te da tanta información como decir algo.
Previamente hemos trabajado con muchas comunidades costeras y las memorias que ellas traen en pocos años de lo que eran los mares y lo que son ahora. Todo ese conocimiento, conciencia y memoria es tremendo y tratar de comunicarlo a otros tiene un poder increíble si lo hacemos bien a nivel de cómo estamos devastando nuestros océanos.

¿A grandes rasgos en qué consistirá la nueva expedición desde Palizada por el río Usumacinta?
La expedición consiste en cuatro canoas tradicionales que zarpan el martes 6 de mayo y harán todo un recorrido por el Río Palizada y por el bajo Usumacinta todo el mes de mayo llegando hasta los pantanos de Centla y Frontera y luego hacer un poco de recorrido del mar donde desemboca el río. Todo lo que ya ha sucedido, la memoria del río da hacia el mar. Luego, la segunda fase será la parte más alta del río, que se llevará a cabo en enero de 2015.
Es la primera vez que tenemos una expedición mayor en tierra, los conceptos del río son similares a los del mar o de la tierra: no hay una actuación en un río que no afecte a todo lo demás, a todas las comunidades, cualquier cosa que se hace tiene un impacto. Es por eso que estamos embarcando en este viaje. Este es un río que nos une a todos igual que los océanos en la tierra.

Durante la expedición por el Río Usumacinta ¿En qué consiste la idea de dibujar el corazón del mundo maya?
Tiene que ver con memoria. A veces expresar cómo fue el pasado de las comunidades indígenas es un poco folclórico, yo creo que no sólo es así. Nosotros podemos aprender del corazón maya como de otras comunidades simplemente porque se trata de otros mundos. Si afrontamos nuevas exploraciones y no llegamos a ningún nuevo conocimiento, lo que nos brinda es que nosotros nos hemos convertido en nuevos exploradores, agentes sociales, activistas de cierta manera para el descubrimiento, para la exploración con una fuerza tremenda. Entonces para nosotros de cierta manera el corazón del mundo maya es eso: algo que existe, que existió, algo literal, pero también algo que está dentro de nosotros y que va más allá, un horizonte que no se puede dibujar, es una canción que no tiene palabras, esa búsqueda es muy valiosa.

Fotos: The Clipperton Project

Sobre el lugar que significó su primera expedición y que dio nombre al proyecto, ya declaraban que “Clipperton es una isla en medio del Océano Pacífico, eso también es una idea”. ¿Cómo debemos rebasar nuestros estándares mentales y geográficos?
Siempre presentando la idea del horizonte, de que hay más aspectos que nos unen que los que nos separan, que cuando vamos hacia algo somos increíblemente positivos a diferencia de cuando nos reducimos a algo menor, nos convertimos en otra cosa, en otra especie, en un bicho. Proponemos ese argumento: hay algo más allá, somos curiosos y eso es normal, no hay nada hecho, todo está por hacer, en ese momento empezamos a vislumbrar la meta. Cada quien puede activarse, puede hacer desde algo pequeño como plantar una planta y luego cuidarla o como caminar por una calle distinta un día o lanzarse a un lugar diferente o conocer a alguien que habla un idioma distinto o que se ve raro, eso nos agrega humanidad, no nos quita.

Eduardo Galeano, dice que “mucha gente pequeña en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo”. ¿Cómo complementarías esa filosofía aparentemente simple pero que conlleva un cambio mental de raíz?
Justo ayer tuvimos una plática con “Perma Terra” que es una organización con quien estamos trabajando acá y esa frase de Eduardo Galeano salió en su presentación. Ellos han visto el problema del cambio climático en varios países alrededor del mundo y han regresado aquí a sembrar árboles en una zona donde tienen un rancho a hacer una diferencia, claro que esa diferencia a nivel de los gases efluentes de nuestra nación con el mundo y biológicamente cómo interactuamos con el mundo hace y hará una diferencia. Las cosas pequeñas hacen la diferencia: comprar una lechuga que no está envuelta en plástico, hacerte un poco de composta en el jardín o hacer crecer unos tomates, todo eso te hace relacionarte de manera más fuerte con tu entorno.

En un momento histórico en el que paradójicamente se contraponen el acceso a grandes volúmenes de información frente a la aparente inmediatez y caducidad de las ideas. ¿Cómo compartirías con el uruguayo Jorge Drexler la consigna de que “La idea es eternamente nueva”?
Estoy de acuerdo, la idea es completamente nueva mientras sea algo que exista en el corazón y en los cerebros de cada quien. Lo puedo relacionar también con Steve Jobs, que dice que cada día de tu vida debes hacer verdaderamente lo que quieres hacer ese día. Si haces un trabajo que sólo lo estás haciendo porque te preocupa que a los 60 vas o no a tener una jubilación, y si es algo que verdaderamente día tras día no se te hace realmente importantísimo entonces esa idea tendría que cambiar. En sentido figurado compras el regalo cada día, no es que sólo lo compras una vez y ya, cada día te despiertas y tomas la decisión de hacerlo de nuevo no sólo porque alguien te lo dice sino porque tú estés convencido de esa idea, de ser así entonces vas por la avenida correcta.

¿Con tantos lugares visitados, qué idea tienen ahora de lo aislado, lo remoto o lo inalcanzable?
No existen literalmente. Todo está relacionado, todo se puede alcanzar. Sobre todo cuando trabajamos en conjunto podemos lograr cosas absolutamente increíbles. Los lugares un poco más remotos que otros tienen mucho para darnos y no se trata del aislamiento sino de lo inverso: del acercamiento a nosotros. Estar en una isla como Clipperton o South Georgia o esta zona del Usumacinta donde hay muy poca cobertura lo que nos dice es que los lugares que están aparentemente lejos pueden estar cerca de nosotros mismos.

¿Cuáles son los mundos posibles que aún quedan por visitar para el proyecto Clipperton?
Si se pudiera nos faltaría ir hacia el espacio exterior pero en el planeta queda aumentar los contactos que tenemos con la gente y las organizaciones y que ellos mismos se puedan imaginar en estos cambios para después actuar en sus entornos. No nos medimos por los fallos sino por las ganancias. Es como un niño en una clase de cincuenta personas que no dice nada y que al final levanta su mano y dice “no entiendo, ¿están hablando de mí?” tú le dices que sí y de repente ves que su pecho se infla y algo ha cambiado en él porque tiene todo el permiso y la posibilidad de hacer maravillas, lo único que tiene que decidir es que va a generar un cambio en sí mismo y así inicia un viaje o una expedición.

Ante los viajes y exploraciones realizados ¿qué concepto personal tienes sobre las fronteras físicas y mentales?
Son dañinas, son un poco como cigarros o coca cola, son algo artificial, creados, al final te empiezan a comer desde dentro como un cáncer o un tumor. Al principio puede parecer que te liberan porque te hacen tener un concepto de ti más sencillo que tal vez te lo puedes tragar sin mucho problema pero poco a poco tú sabes que te estás tragando tus propias mentiras. Yo diría que hay que ser honestos con nosotros mismos eso implica tomar las decisiones en las cuales podamos estar orgullosos de nosotros mismos, de plantarnos en un escenario y decirle a quien sea que estoy haciendo algo no sólo porque es bueno para mí y para mi familia, sino que es bueno porque es el futuro, porque ahí es a donde todos podemos llegar.


Las expediciones y las creaciones que elaboran en conjunto los científicos, humanistas y artistas participantes en el Proyecto Clipperton generan espacios y oportunidades de reflexión y propuestas sobre los grandes temas que enfrenta la sociedad actual a través de exposiciones, talleres, conferencias, proyectos educativos presenciales y mediante redes sociales, así como en colaboración con otras personas, colectivos, asociaciones e instituciones locales en función de las necesidades y contextos específicos.

Foto: Jon Bonfiglio

Puedes unirte a The Clipperton Project mediante el correo electrónico (para estar registrado y recibir el boletín de actividades) o mediante redes sociales y tener la oportunidad de convertirte en un expedicionario:
info@theclippertonproject.com
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