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martes, 2 de agosto de 2016

La isla de Cedros en el contexto insular del Pacífico mexicano...




Tesis La isla de Cedros en el contexto insular del Pacífico mexicano: un estudio de geografía cultural

Nivel: Licenciatura en Geografía
Sustentante: Jesús Israel Baxin Martínez
Directora de tesis: Carmen Sámano Pineda
Distinción “María Isabel Lorenzo Villa” a la mejor tesis de licenciatura en el área de Geografía humana, 2010, otorgada por la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.

Acervos:
-          Biblioteca Central (Universidad Nacional Autónoma de México)
-          Biblioteca Samuel Ramos (Facultad de Filosofía y Letras, UNAM)
-          Biblioteca Antonio García Cubas (Instituto de Geografía, UNAM)
-          Biblioteca de la Secundaria técnica No. 7, Isla de Cedros, Baja California
-          Biblioteca UABC campus Ensenada (Universidad Autónoma de Baja California)
-          Archivo histórico de Ensenada

Consulta y/o descarga digital:

Abstract:
Investigación desde la geografía cultural como postura de pensamiento disciplinar y su potencial para el estudio de las islas mexicanas. Se realiza una propuesta metodológica y se presentan el contexto y la situación insular en el Pacífico mexicano como preámbulo al caso de estudio, isla de Cedros, abordada desde sus paisajes natural y humanizado; se identifican rasgos de la cultura isleña y en el análisis de la insularidad se toman en cuenta variables como la fragilidad ambiental, el escaso poder político, la dependencia económica, la pequeña área y el aislamiento.

ÍNDICE:
CAPÍTULO 1. La geografía cultural y los estudios de islas
1.1 La geografía cultural, una postura de pensamiento
1.2 Las islas, una línea de investigación para la geografía cultural

CAPÍTULO 2. Una propuesta metodológica para geografía desde el enfoque cultural
2.1 La geografía, texto en constante construcción
2.2 El trabajo de campo, arma fundamental del geógrafo
2.3 La entrevista, vía de acercamiento humano
2.4 Representación y expresividad de la percepción espacial
2.5 Fases de la propuesta metodológica

CAPÍTULO 3. Las islas en el Pacífico mexicano
3.1 El contexto insular de México
3.2 La conciencia insular del mexicano

CAPÍTULO 4. Situación actual y perspectivas de las islas en el Pacífico mexicano
4.1 Posición estratégica
4.2 Potencial ambiental
4.3 Potencial económico
4.4 Asentamientos humanos

CAPÍTULO 5. Geografía de Isla de Cedros
5.1 El paisaje natural
5.2 El paisaje humanizado

CAPÍTULO 6. Cultura e insularidad en Cedros
6.1 El trinomio de la cultura isleña
6.2 Percepción del espacio insular
6.3 Implicaciones y efectos de la insularidad
6.4 La vida en Isla de Cedros, año 2009
6.5 Isla de Cedros en imágenes

martes, 3 de noviembre de 2015

Colaboración para el documental HUAMALHUÁ (Isla de Cedros)

La bajacaliforniana Samahil Borbón dará a conocer próximamente su documental "Huamalhuá" sobre la isla de Cedros, ubicada en el Pacífico mexicano.
Para su propuesta me ha honrado con una invitación para escribir un preámbulo sobre la vida insular, que se encuentra en la sección "Contexto" de la página web del documental y que transcribo también a continuación.



isla cedros mexico



La vida insular en Cedros


Las cosas que al marchar olvidas sin querer
terminan por volver
nunca creas que al final terminarán perdiéndose.
Allá donde tu amor dejó ya de latir
habrá parte de ti
aunque quieras olvidar, regresarás ahí.

- Rafa Valls, “Olvidos”


Cedros no es sólo una isla más de México, sus características geográficas y su retrospectiva histórica la caracterizan como una de las más significativas entre aquellas bañadas por aguas del Océano Pacífico. En Cedros es evidente que por sus condiciones fisiográficas fuera un espacio más óptimo de desarrollo vital para los primeros pobladores de Baja California que muchas zonas de la propia península, ya que en la isla, el océano atenúa las oscilaciones extremas que ocurren en la misma latitud hacia el oeste, en el desierto del Vizcaíno, mientras que la humedad proveniente de las corrientes marinas en su contacto con la sierra insular permite la formación de neblina que una vez infiltrada, se convierte en el agua potable almacenada en sus entrañas.
Hay información colonial que da cuenta del poblamiento prehispánico de Cedros y documentación que ratifica múltiples ocupaciones. La expedición de Francisco de Ulloa enviada por Hernán Cortés en 1540 a la Mar del Sur bordeó gran parte de Baja California y alcanzó una isla grande y habitada que nombraron como Cedros, debido a los árboles que divisaron en su porción norte, aunque en realidad se trataba de juníperos. En el siglo XVIII el jesuita Miguel Venegas ratificó que su nombre indígena fue Huamalhuá, que en la lengua cochimí expresaba “isla de las neblinas”. Distintas crónicas y mapas la registraron con otros topónimos puntuales o anecdóticos: Isla del Riparo, Isla de Cerros o Isla de la Santísima Trinidad (pues se dice que en ella había tres cabos, tres bahías, tres montes y tres pueblos), indicando que en otros momentos hubo pobladores o viajeros que la denominaron y en algunos casos la caracterizaron. En cambio sus pobladores contemporáneos al apropiarse de ese terruño, lo llamaron El Piedrón.
Quienes pueblan las islas forjan su propia nacionalidad, eso pasa con los cedreños, quienes se debaten entre la cotidianidad sencilla y la nostalgia de otros tiempos, desprendida de cambios graduales y otros frenéticos que sacuden la insularidad de manera particular. Ahí se vive en un espacio paralelo con una gama de realidades, mujeres y hombres diversos, algunos con orgullo han habitado por varias generaciones, unos más llegaron circunstancialmente hasta ese rincón poco recordado de la geografía mexicana y otros que, aunque estén desperdigados en distintos puntos de Baja California o del país, mantienen sus vínculos estrechos con sus raíces isleñas.
Al interior de una isla se vive en condiciones comunitarias, de cercanía circunstancial, desde el trabajo de los pescadores y buzos cooperativistas hasta el trato familiar de reconocer rostros y orígenes en cada vecino. Los isleños están al tanto de la llegada de foráneos por vía de alas (desde el único aeropuerto) o de motores (los taxis marítimos) con la curiosidad de saber qué los llevó hasta ahí y cuánto tiempo permanecerán.
Aunque las tecnologías han atenuado la insularidad y en cierta medida el contacto interpersonal, las condiciones naturales no cambian, por ejemplo las atmosféricas. Un temporal puede ser monitoreado en la actualidad, pero su fuerza no merma peligros para las faenas o los trayectos en el mar, como en el tramo del canal que separa a la isla de la Punta Eugenia, cuya fuerza le ha arrebatado la vida a algunos miembros de la comunidad, en naufragios históricos o recientes.
A pesar de cualquier circunstancia, la comunidad cedreña ha sabido levantarse de adversidades, desde el desabasto continuo de alimentos (ya que en su suelo no se pueden desarrollar actividades agrícolas), hasta la acentuada crisis y quiebra de la empacadora de pescado que dio sustento a muchas familias durante décadas. La adaptación a los cambios ha permitido que, quienes continúan en este rincón del Pacífico como su residencia habitual, se dediquen aún a las actividades de mar, como la pesca y el buceo, mientras que en la localidad del sur se exporta sal proveniente de Guerrero Negro.
La vida insular en Cedros tiene muchos matices, se respira una tranquilidad general, pero en su interior, este pequeño mundo tiene tantas caras como pobladores han impregnado su huella en el territorio. Hay isleños que añoran la bonanza demográfica de los años 70 del siglo XX, cuando los pocos miles de habitantes se beneficiaban de un auge económico que no volvió a recuperarse. Otros se debaten constantemente en la soledad de los campamentos pesqueros durante las temporadas de captura o se ocupan afanosos en los espacios de trabajo en alguna de las dos localidades. Los más jóvenes evaden el aislamiento que vivían sus padres con el acceso a las telecomunicaciones y, de éstos, muchos emigran, llegado el momento, en busca de otras opciones de estudio o trabajo para no volver a radicar más entre el mar que acunó su infancia. Sin embargo si no se puede volver físicamente, se evoca con el pensamiento ese arraigo que circunda a los ocupantes de islas que, como ésta, dan abrigo y sustento y un deleite visual en paisajes que difícilmente se olvidan, porque no se repiten en ningún punto del orbe.
Isla de Cedros como ente vivo (en tanto ha sido ocupada históricamente y en la actualidad) seguirá respirando desde esa condición semidesértica que le confiere sus virtudes y limitantes, su geografía continuará en la memoria de quienes la han ocupado o visitado, sobrevolando sus sierras, desembarcando en su litoral o recorriendo a pie caminos con múltiples historias. No dejará de ser tampoco espacio de interés para estudios de antropólogos, arqueólogos, historiadores o geógrafos que buscan claves de ocupación en su territorio.
Celebro el documental Huamalhuá de Samahil Borbón como un registro audiovisual de la tierra que sus padres seguramente le inculcaron a apreciar y con ese trabajo, la devolución generosa de una visión de la vida insular. Hace falta difundir las cualidades de lugares poco conocidos y valorados de nuestro país, lista encabezada por las islas habitadas de México y este proyecto apunta a contribuir en esa dirección.


Israel Baxin, México, julio de 2015

domingo, 30 de octubre de 2011

Una analogía entre islas y pueblos indígenas de México

¿Qué importa estar lejos, si ya nos han olvidado?
¿Importan mis pasos en este mundo olvidado?

“Olvido” - Rita Guerrero.



El origen del nombre de México (Mexihco, “en el ombligo de la luna” o “el centro del lago de la luna”) se vincula con la configuración del eje cultural y político de Tenochtitlan: el islote que se encontraba en medio de la esplendorosa región lacustre donde vivían los mexicas, del cual parece, con el paso del tiempo, nada queda, ni su configuración geográfica ni el recuerdo del germen que diera identidad onomástica a todo un país.
Tras quinientos años del esplendor mesoamericano y a inicios del siglo XXI, con una larga historia detrás para la construcción de la identidad nacional, en México se han dejado de lado a los pueblos indígenas como orgullo del origen, pues la marginación y el rezago en el que se encuentran a nivel social son consecuencia de una negación histórica sobre la aportación que sus distintas culturas han otorgado al país.
Así como los archipiélagos son discontinuidades territoriales de islas en el océano, los grupos indígenas de México parecerían archipiélagos demográficos en el país pues actualmente sólo tienen una presencia parcial en el territorio y no mayoritaria como ocurrió durante de la época prehispánica.
Los pueblos indígenas de México guardan una esencia primigenia de la cultura y del territorio, frente al mestizo promedio parecen desconocidos, incluso exóticos. Por su parte, la isla, a nivel geográfico, es una porción territorial de aparente sencillez, que causa fascinación al visitante, dadas las peculiaridades y endemismos naturales que puede contener. Ambas entidades se encuentran en vulnerabilidad (social en el primer caso, ambiental en el segundo) pues una valoración menor o carente ha permitido que el descuido e incluso el olvido, les exponga a un riesgo constante a nivel natural y cultural.
Varias islas mexicanas estuvieron ocupadas por poblaciones indígenas antes de la llegada de los exploradores españoles, aunque en algunos casos, sus habitantes fueron diezmados o integrados a las porciones terrestres más cercanas. Algunos ejemplos son Isla de Cedros, que contaba con un poblamiento importante de indígenas cochimíes (Miguel León Portilla menciona 1200 habitantes durante el primer contacto europeo en 1540, víctimas posteriores de epidemias cuando fueron trasladados a la península de Baja California en el siglo XVIII); isla Espíritu Santo, donde se encuentran evidencias de la cultura pericú, extinta en Baja California Sur; y las islas Tiburón y San Esteban, actualmente las únicas ínsulas vinculadas a una etnia indígena, al ser un espacio sagrado de la cosmovisión comcáac (seri), territorio fundamental de su desarrollo cultural. Las islas mencionadas, al igual que otras, tienen toponimias indígenas asociadas a sus atributos territoriales:


Actualmente las islas mexicanas permanentemente habitadas, se encuentran pobladas sólo por mestizos. En algunos asentamientos isleños donde se depende de actividades económicas tradicionales (sobre todo las pesquerías), hay un modo de vida semejante al de las poblaciones indígenas en cuanto a cierta dinámica comunitaria, donde el usufructo del trabajo es compartido por todos los partícipes e igualmente se ven afectados por los embates de la naturaleza (“el mal tiempo”) pues como señala Joël Bonnemaison (1), una isla tradicional es un espacio finito de comunicación privilegiado donde “el otro” está intensamente próximo en el vínculo social.
La visión del mundo de los isleños quizá tenga una realidad compartida con la de algunos pueblos indígenas pues como menciona Domingo Pérez Minik (2) el isleño percibe tiempo y espacio fundidos, debido a que el aislamiento como segregación y acontecer físico, trasciende a lo espiritual.
Mencionar que en México, las poblaciones isleñas más tradicionales han sido poco estudiadas no es algo novedoso a pesar de que las islas son lugares donde la identidad y el arraigo juegan un papel determinante. Cabe destacar que en las islas, por su situación particular, además de la insularidad natural de sus ambientes, se puede hablar de una insularidad social, aún más acentuada que en sectores demográficos o poblaciones específicas del área continental.
Para algunos geógrafos, como Bonnemaison, la isla como una singularidad amenazada, en el contexto de la occidentalización, enfrenta el dilema de la destrucción o la resistencia. Curiosamente, los pueblos indígenas de México guardan una situación análoga.
La valoración que de las culturas indígenas y de los territorios olvidados, como las islas, a través de los estudios académicos pueda realizarse, es un primer paso para participar en el ejercicio de la justicia a través de la generación de conocimiento como base para la acción y de la inclusión para efectuar el pluralismo. Valorar antes de perder, debería ser una consigna clave en los estudios sociales y humanísticos.

(1) Joël Bonnemaison (1991) “Vivre dans l’île” L’espace géographique 1990-1991. Tome XIX-XX. No. 2. Paris. pp.119-125.
(2) Domingo Pérez Minik (1987). “La condición humana del insular” Aguayro. No. 170 (marzo-abril). Las Palmas: La caja de Canarias. pp. 6-12.



Artículo escrito para la gaceta "Todos somos todo". Núm. 1. Octubre de 2011. México: publicación independiente.

martes, 13 de septiembre de 2011

El pueblo de Isla de Cedros


El azul es el color predominante en el paisaje de Isla de Cedros tanto en el cielo despejado sediento de agua (pues pocas veces llueve en esta pequeña parte del mundo) como en el inmenso Pacífico que le rodea en todas direcciones, mar limpio sin contaminación evidente, conservado así gracias a la poca influencia humana.

Los buzos y pescadores son grandes conocedores de cada una de las ensenadas y zonas abuloneras de Cedros a pesar de la grandeza física de la isla que en la realidad es un enorme terruño de identidad para los isleños y no un pequeño punto en el mapa como acaso la identificarán otros mexicanos. Cuestión de percepción y escala.

Lobos marinos (Isla de Cedros)


A los hombres conocedores de sus oficios se les suele llamar “viejos lobos de mar” como alusión a su experiencia de vida, sin embargo parece cuestionable el proverbio debido a que estos mamíferos suelen ser animales de vida simple y ociosa, contraria a la esforzada y compleja vida de los pescadores y buzos de Isla de Cedros.

Los lobos de mar, agrupados en grandes colonias denominadas loberas están rodeados de una cotidianidad en la que el descanso es predominante sobre las playas rocosas del litoral oriental de Cedros. Sólo algunos de ellos salen a nadar para obtener el alimento diario, nadando con una habilidad que quizá justifique la denominación, pues a pesar de la pesadez que externan, muestran su experiencia real dentro del mar.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Isla de Cedros o Huamalhuá


Una gran isla del Pacífico mexicano fue denominada Huamalguá (“Isla en la niebla”) por sus habitantes originales: indígenas cochimíes. Isla de Cedros es su nombre actual, menos certero, pues esta vegetación no existe en su territorio, pero fue la que creyeron ver los navegantes españoles que arribaron en 1540. Sus habitantes contemporáneos le llaman afectivamente “El Piedrón”.
Isla de Cedros, la cuarta isla más grande de México (después de la Isla Tiburón, Isla Ángel de la Guarda y Cozumel), se localiza al oeste de la Península de Baja California en su parte central. La isla tiene origen continental, separada de la península por efecto de sumersión. Si el nivel del mar descendiera 50 metros, la isla quedaría unida a la Punta Eugenia, que se localiza a 25 km.
Cedros es la isla más habitada en el Pacífico mexicano (2,042 habitantes en el Censo de Población y Vivienda 2010), constituye una de las 23 delegaciones de Ensenada, el municipio más grande del país, cuya cabecera se encuentra a 445 km de distancia, motivo por el cual se ha mantenido en abandono por lejanía inevitable y separación física, más allá del mar.
Hay dos localidades principales separadas por 9 km: Cedros (“El pueblo”) y Punta Morro (“El Morro”) así como varios campos pesqueros habitados en temporadas por pescadores locales: San Agustín, Wayle, La Colorada y Punta Norte en la propia isla y el campo de las Islas San Benito (25 kilómetros al NW), que forman parte del consciente colectivo de los isleños, como si se tratara de una extensión de Cedros.
El clima se considera seco desértico (BW) debido a la vegetación xérica, lluvias irregulares y muy escasas todo el año, sin embargo la oscilación térmica es baja y el clima en el Pueblo de Cedros es muy agradable, una de las causas del bienestar de la población.
Existen cinco especies de mamíferos endémicos, uno de ellos (el venado bura de Cedros) al borde de la extinción; la presencia de mamíferos marinos es importante, hay elefantes marinos al NW y los lobos marinos distribuidos sobre todo al norte y en la costa oriental. Hay 20 especies de reptiles (seis endémicas) entre saurios, serpientes y tortugas; un anfibio; y tres moluscos (dos terrestres y una de agua dulce). No abundan los insectos aunque hay varias arañas y alacranes. Hay 220 especies nativas de plantas, 27 de ellas endémicas. A diferencia de isla Guadalupe, en Cedros las cabras inducidas no se desarrollaron en abundancia ni alteraron en demasía el equilibrio ecológico por lo que las condiciones ambientales originales se mantuvieron.

La isla se encuentra en la zona pesquera más rica de la República por la gran abundancia y variedad de especies. Aunque hay atún, barracuda, jurel, macarela y sardina, los dos productos por excelencia son la langosta y el abulón, capturado por buceo en los fondos rocosos. Estos productos junto al pepino de mar y caracol son procesados para su exportación en la propia isla. Todo el sistema administrativo, de captura de especies por pesca y buceo y el procesamiento industrial dependen de la sociedad cooperativa de Pescadores Nacionales de Abulón (PNA).
La vida económica en la isla se complementa con la presencia de Exportadora de Sal S.A. (ESSA), cuya extracción salina de Guerrero Negro, BCS (a 100 km) se almacena en el puerto Morro Redondo (al SE de la isla) y se embarca para su exportación al continente asiático, principalmente a Japón. Los 7 millones de toneladas anuales de sal que se mueven de entrada y salida (granel mineral) hacen de éste, el cuarto puerto más activo del Pacífico.
A inicios de la década de 1960 comienza la construcción de las instalaciones de ESSA en Isla de Cedros, en cuya punta sureste (Punta Morro Redondo) se encontraron las condiciones óptimas de un puerto natural que pudiera recibir embarcaciones cargueras de gran extensión. Así surgió el otro poblado conocido como El Morro, para los trabajadores de la empresa, de origen externo en su mayoría (hay pocos isleños empleados ahí).
Isla de Cedros a pesar de tener características que la hacen un espacio de interés ha sido poco tratada en la producción bibliográfica mexicana. Hace sesenta años (1948) que fue escrito un ensayo monográfico sobre ella. El geógrafo Bibiano Osorio residió en Cedros y presentó como un trabajo para la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, una descripción de los aspectos más destacables sobre sus observaciones y estudios, destacando la descripción física y de recursos naturales explotables de la isla así como algunas menciones sobre la historia del poblamiento y sobre los habitantes de entonces. A pesar del tiempo transcurrido, este trabajo es útil por estar dedicado en profundidad a la isla desde una visión geográfica y porque la descripción hecha sobre aspectos del paisaje y la población han sido tomados en cuenta y contrastados con la realidad isleña actual.
Recientemente investigadores de la Universidad de California, Northridge y el Colegio Pomona, bajo la dirección de Doctor Matthew Des Lauriers han ubicado e identificado más de 120 sitios arqueológicos en la isla. El objeto de mayor interés es una punta clovi con dataciones superiores a 10,000 años, lo cual podría cambiar teoría sobre las rutas del poblamiento de América.

Lo que sí es confirmado por investigaciones históricas mexicanas es la presencia de una población indígena a la llegada de los exploradores europeos. Miguel León Portilla (1989) tiene el registro de entre 1000 y 1200 habitantes de origen cochimí en el siglo XVI quienes la denominaban Amalagua o Huamalguá (“La nebulosa” o “Isla de las Neblinas”). Su nombre actual fue asignado por el navegante español Francisco de Ulloa en 1540. Durante esta expedición se confirma que Baja California es una Península y no una isla. Se realiza la primera cartografía peninsular y la designación de la mayor parte de la toponimia de la costa occidental bajacaliforniana.
En 1602 Sebastián Vizcaíno la visita y modifica la denominación original por “isla de Cerros” debido a su topografía tan accidentada. Sería en 1732 con la visita del jesuita Taraval (misión de San Ignacio) cuando se convence a los indígenas de abandonar la isla para ser trasladados a la península y ser evangelizados. Ahí serían víctimas de las frecuentes epidemias, ni uno sólo logra regresar a su isla.
El poblamiento contemporáneo data de 1922, tiempo en el que se instaló una planta empacadora de pescado que en un principio empleaba a 14 hombres y 2 buzos. Los primeros buzos fueron de nacionalidad japonesa, quienes enseñaron el oficio a aquellos mexicanos que llegaron a la isla con la esperanza de encontrar empleo y mejores condiciones de vida.
La Pesquera del Pacífico ahí establecida pasó a ser sociedad entre los fundadores (de apellido Bernstein) y el expresidente mexicano Abelardo L. Rodríguez. Dicha pesquera era propietaria del equipo portuario, la planta de energía eléctrica, el abastecimiento de agua e incluso de la mayoría de las casas; permitió el crecimiento de la población de 16 habitantes originarios a 374 en 1940, 1000 en 1950 e incluso una cifra de entre 8 y 10 mil habitantes en la década de 1970, jamás registrada por INEGI.
Esta compañía pesquera, primera actividad económica por tiempo, importancia y número de empleados entró en crisis en los años 80. Las industrias empacadoras paraestatales en Baja California fueron llevadas a quiebra y cerradas una a una. La empacadora de Cedros cierra a partir de una huelga en 1996 y con ella gran parte de la vida del pueblo termina, el cual había ido en declive desde una década atrás. La isla se fue despoblando y el flujo migratorio principal, incluso hasta nuestros días, se da a Ensenada, pues a pesar de la lejanía hay un transporte continuo y una gran red social más que política con su cabecera municipal.

Actualmente los dos brazos o motores de la economía local que mantienen con vida a la isla son la pesca de Pescadores Nacionales de Abulón (PNA) y la Exportadora de Sal. Cedros a pesar de generar grandes ingresos monetarios para el país, está en un profundo y real abandono del gobierno a causa de su descuido y de una existencia ignorada por parte de los demás mexicanos.
La mayoría de los isleños actuales disponen de un doble espacio de vida: hay una fuerte liga con la Península de Baja California gracias a los transportes regulares (específicamente a Ensenada, BC y Guerrero Negro, BCS) y a la red social entretejida desde hace décadas. Aunque se deje físicamente la isla jamás deja de estar en el pensamiento, los recuerdos y planes para volver a ella.
Los cedreños de origen o adopción, sus emigrantes e incluso gran cantidad de sus hijos ensenadenses tienen un fuerte lazo de identidad.

No estar en la isla ha sido como si me arrancaran de mi hábitat (David Romo)
Me quedaré en Cedros porque aquí crecí, aquí me casé, aquí está mi vida y los restos de mis padres (Cristina "Guili" León).
El arraigo es más notorio en las generaciones mayores y medias que en las jóvenes, pero aún no se diluye. “La isla ofrece el territorio identitario, de afectividad, de descanso informal, de placeres simples pero esenciales. Por otro la zona urbana ofrece la formación (académica) y empleo así como el entretenimiento contemporáneo” (Péron, 1999: 190).
El aislamiento absoluto se ha visto atenuado por los medios de comunicación (Internet, telefonía celular) en los años recientes si bien los medios de transporte han hecho viable desde hace varias décadas una conectividad constante. Aquí se puede hablar de un aislamiento relativo más que absoluto pues a pesar de los nexos continuos con Ensenada es inevitable estar rodeados enteramente del agua oceánica como frontera física e imaginaria, como pueden atestiguarlo algunos de sus pobladores anteriores o actuales:
Somos presos libres (Santos de la Toba)
Se vive en cierto encierro (Ileana Covarrubias)
Estamos en México pero en un círculo aparte (Marco Salazar)

A pesar de ello se vive en libertad, con seguridad y buena vecindad. Ahí “se es alguien” a diferencia de las grandes urbes donde se pierde la propia identidad.
Para todos los isleños entrevistados Isla de Cedros es grande no sólo en territorio sino por su gente. La apreciación de la isla ocurre en distintas escalas ligada al medio o tipo de transporte utilizado para recorrerla (a pie, automóvil, lancha, avioneta) e indudablemente tiene un enorme territorio. Son los pescadores y buzos quienes mejor conocen la geografía física. INEGI registra unos diez topónimos y accidentes geográficos, la población tiene un vasto reconocimiento de ensenadas, zonas abuloneras y otras morfologías, más de 50 que en los escasos mapas oficiales ni siquiera aparecen.
Cedros no es una isla tropical ni de ensueño pero sí un paraíso perdido en medio del océano, sus paisajes insulares están llenos de contrastes cromáticos y sensoriales donde hay altas sierras desérticas tras un litoral de acantilados, montañas de sal con un azul intenso de mar limpio y cielos sin nubes, cerros blanquecinos y chatarra oxidada, cactáceas y pinos, gaviotas y cuervos, minas abandonadas y campos pesqueros aún muy llenos de vida.
Cedros es un lugar mágico para vivirse en el que se podrá obtener una experiencia que en ningún otro rincón accesible de México: una vista de playas con rocas de colores, el graznar de gaviotas en todo momento y rincón, un aroma a mar muy sutil y agradable, un tacto frío en el agua proveniente de la corriente californiana que contrasta con la calidez de una población familiar en casi todos los sentidos, son pocos habitantes, todos se identifican entre sí y tienen un reconocimiento al interior de la comunidad.
El pueblo de Cedros es un lugar de gente confiable, solidaria, tranquila y amable, cuestiones que los han hermanado y hecho progresar gracias a ellos mismos y no debido a la tibieza de un gobierno que apenas en 15 años ha comenzado a brindar servicios dosificados. Abundan casas abandonadas en deterioro pero una gran vida en las calles y en su gente: niños, mujeres, pescadores y personas de la tercera edad arraigados a su “Piedrón”.
Isla de Cedros merece un nuevo auge para entrar a la consciencia colectiva del resto de los mexicanos y quedar registrada en investigaciones, medios audiovisuales, mapas y libros y así lograr paliar el injusto abandono a pesar de su gran trascendencia natural, histórica, económica y cultural.




Bibliografía para profundizar:
-> Baxin, Israel (2010). La isla de Cedros en el contexto insular del Pacífico mexicano: un estudio de geografía cultural. Tesis de licenciatura en geografía. México: UNAM, Facultad de Filosofía y Letras.
-> Chenaut, Victoria (1985). Los pescadores de Baja California (Costa del Pacífico y Mar de Cortés). México: CIESAS (Cuadernos de la casa chata, 111).
-> Des Lauriers, Matthew (2006). “Isla Cedros” en: Laylander y Moore (editores) The prehistory of Baja California: Advances in the archaeology of the forgotten Peninsula. Gainesville: University Press of Florida, pp. 153-166.
-> León Portilla, Miguel (1989). Cartografía y crónicas de la Antigua California. México: UNAM.
-> Osorio, Bibiano (1948). “La isla de Cedros, Baja California: ensayo monográfico” en: Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, Tomo LXVI, núm 3. México: Editorial Cultura. pp. 319-402.
-> Péron, Françoise (1999). “Les îles: cas particuliers des relations espace et sociétés sur les littoraux” en: Marcadon, Jacques, et. Al. L’espace littoral: Approche de géographie humaine. Rennes: Presses Universitaires.